Cuento de alquimia parte 2: Cómo obtener la piedra filosofal

Alquimista

No crean que se me ha olvidado, seguiré con la continuación del cuento El Viejo Alquimista, del reconocido Dr. Ruy Pérez Tamayo, acá otros fragmentos para seguir con la historia.

Continuación de la primera parte del cuento El viejo alquimista.

“Hacía mucho tiempo que los Reyes de Francia habían establecido un premio para el Alquimista más distinguido de cada año, galardón que se entregaba en una gran fiesta en el Palacio Real. Obtener este premio era la máxima aspiración de casi todos los alquimistas, sobre porque, una vez obtenido, el afortunado, pasaba a formar parte del selecto grupo de los Infalibles. El premio se conocía como el Premio LeBon y siempre lo ganaba un Alquimista Gordo.

Procedimiento para obtener la piedra filosofal

Los procedimientos para obtener la Piedra Filosofal eran de tres tipos: Primitivos, Aproximados y el Gran Trabajo propiamente dicho. Cuando la purificación se iniciaba con oro, era necesario fundirlo con antimonio, “hasta que todo se haga líquido, no has ninguna operación”; el oro purificado se disolvía en agua regia y la plata purificada en agua fortis. Las sales obtenidas por cristalización y evaporación se calcinaban y, después de otros pasos secretos que debían realizarse con juicio y prudencia, las sales sóficas sublimadas se encerraban en el Vaso de Hermes o Huevo Filosofal y estaban listas para el Gran Trabajo.

Los Doce Procesos del Gran Trabajo era: Calcinación, Congelación, Fijación, Solución, Digestión, Destilación, Sublimación, Separación, Ceración, Fermentación, Multiplicación y Proyección. En cualquier momento, por el descuido más insignificante o la desviación más mínima de los procedimientos, el experimento fracasaba; de hecho, nunca pudo completarse de manera perfecta, y por eso no se obtuvo la Piedra Filosofal.

En la actualidad, cuando todo podría hacerse electrónicamente y por medio de computadoras de gran eficiencia, el interés por la piedra filosofal ha decaído, y ya nadie se ocupa de ella…

Para nuestra historia, lo importante es que los Alquimistas Gordos de las ciudades poderosas eran los que dictaban los procedimientos del Gran Trabajo; ninguno de los sabios que trabajaban en ciudades más pobres se hubiera atrevido a introducir modificaciones, a inventar nuevos pasos o a cambiar el orden o los tiempos.

Lo menos que hubiera pasado es que los otros alquimistas se hubieran reído de él; también había el riesgo de que perdiera su laboratorio, si los Oidores vestidos de rojo se hubieran enterado de que no se seguía al pie de la letra las prescripciones de los Alquimistas Gordos de las ciudades ricas.

No es que a los Príncipes y a los Oidores vestidos de rojo les interesara lo que hacían los sabios; el motivo por el que sostenían sus laboratorios y les permitían trabajar era más bien decorativo. Después de todo, ningún Príncipe, por más pobre que fuera, podía aspirar a ser tomado en cuenta en los Concilios y Alianzas con otras ciudades si no tenía Oidores vestidos de rojo, un caballo blanco, un mago, un enano y un alquimista.

¿Y nuestro Viejo Alquimista? La ciudad donde vivía era pobre y su laboratorio estaba destartalado y oscuro; los uniformes de los Oidores vestidos de rojo estaban llenos de remiendos y agujeros; el caballo del Príncipe era jamelgo triste y rengo; el mago tenía pocos poderes, y su enano era tuerto. Entre los habitantes de la ciudad había mucha pobreza.

Hacía muchísimo tiempo, el Viejo Alquimista había sido aprendiz en el laboratorio de un Alquimista Gordo en una ciudad de las más ricas. Al regresar a su ciudad natal, el abuelo del Príncipe le había ordenando continuar la búsqueda de la Piedra Filosofal en su torre y desde entonces estaba ahí. El Viejo Alquimista casi nunca molestaba al Príncipe con peticiones y, aunque no era muy famoso, los sabios que lo conocían, lo respetaban.

Hacía algún tiempo el viejo Alquimista había tenido un aprendiz trabajando con él y lo había querido como a un hijo, pero el Príncipe de Ilusionburgo, otra ciudad cercana cuyo sabio había muerto repentinamente, se lo había cambiado a su Príncipe por dos hermosas ciervas blancas. Ahora su antigua aprendiz era un sabio completo, conocido como el Alquimista Joven.”

Fuente: Fragmentos de “El viejo alquimista” de Ruy Pérez Tamayo. Tercera edición, 1993.

Fin de los primeros fragmentos, la siguiente semana lo continuaré.

Author: Seth

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3 Comments

  1. Me encanta este cuento….
    Sobre todo como nos empuja a una caja de los recuerdos!!
    Quisiera leer más…
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  2. Escrito del 29 de octubre / 010
    Locomotion fue un canal de televisión por cable latinoamericano que emitía 24 horas diarias diversos géneros de series animadas.
    Ojala pudiéramos tener un canal de tv como era el canal locomotion¡!!!! El mejor ¡¡¡¡ que sony terminó como ahora esta terminando con animax, esto es en gran parte, creo yo, porque mucha gente supone al anime como “obscuro” o “sucio”- no conocen lo que es realmente- si se tomaran un poco de tiempo para verlo, se percatarían que es un genero interesante con tramas q’ te capturan- no todo es insulso ni todo tiene (a pesar de la predilección del japonés por las pantis detalladas), contenidos eroticos abiertos, como las series gringas “propias para gente joven”- culpan a la series japonesas de los niveles de agresividad q’ vivimos en mucho países, pero esta se da también C/ donal y micky – los 3 chiflados y Chaplin- también considero q’ es cosa de criterio, de tener criterio. ¡!!!! Viva locomotion ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
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  3. creo que la alquimia va mas alla de las metaforas y los cuentos , yo intentento por la via humeda , creo que en mexico se practica la gran obra, espero encontrarte o que me encuentres
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